Estimado Melendi:

Ante todo, quiero empezar disculpándome por tardar tanto en escribirte. Al parecer, lanzaste tu single «Déjala que baile» en mayo pero, por alguna razón, tuve la fortuna de no escucharlo hasta ayer mismo. Y, la verdad, ójala hubiera seguido retozando en mi ignorancia porque desde entonces no pienso en otra cosa. ¿De verdad no tienes a nadie a tu lado que te haya explicado que tu canción es pura bazofia machista?

Verás: pedirle, suplicarle, a un maltratador que deje bailar a una mujer; darle veinte razones para que reconsidere su postura y le levante el veto, es legitimar su posición de poder sobre esa mujer. Y, ¿sabes por qué sé que ese hombre al que te diriges es un maltratador? En primer lugar, porque algo así figura en cada guía de detección precoz de maltrato: si tu pareja te prohíbe hacer cosas que te gustan como bailar, ir al cine, etc., si toma las decisiones por ti, entonces estás viviendo una situación de maltrato psicológico. En segundo, por pura socialización de mi experiencia: en mi vida, jamás, se me ha pasado por la cabeza la idea de que yo pueda dejar o no que baile una mujer. Investirme de esa autoridad significaría colocar mi voluntad por encima de la libertad individual de esa mujer, independientemente de que utilizara mi poder para permitirle o para prohibirle bailar. Fácil, ¿no?

«Amor a primera vista», de Carmona del Barco

Por si acaso, vamos a cambiar el verbo, y vas a ver que no queda mucho margen a la duda. ¿Qué te parece si le pedimos a tu «amigote» otras cosas? Déjala que hable, déjala que salga, déjala que estudie, déjala que trabaje, déjala que vea a su familia, déjala que se niegue a mantener relaciones sexuales contigo, déjala que respire, déjala que rehaga su vida, déjala que se aleje de ti. ¿Qué te parece? ¿Te he dado ideas para futuras canciones?

Melendi, ¿qué ponzoña estás difundiendo con tu canción y qué mensaje estás colando como feminista cuando, en realidad, no es más que la legitimación de una conducta machista? Puedo ver la escena con total nitidez: un montón de machitos rodeando la pista de baile o apoyados en la barra, mirando a su hembra con cara de «Por ti me hago hasta feminista, nena», mientras ellas bailan enmedio, «libres» y bien guardadas, sus espíritus en comunión y perfecta armonía: ellos haciendo una concesión a la fierecilla salvaje que les ha arrebatado el corazón, ellas orgullosas de que su hombre sea tan moderno y tan sensible, no como esos bestias que salen en las noticias. Y tú, oh, gran maestro de ceremonias, en sus labios húmedos y sensuales.

Melendi, hombres como tú son la razón por la que muchas mujeres no confían en nosotros como compañeros de lucha. Y, tenlo en cuenta: si alguna vez le has prohibido a tu pareja bailar, o incluso si alguna vez se lo has «permitido», reflexiona sobre ello y busca ayuda, porque está claro que aún no has superado esa fase.

Atentamente.

Author CARMONA DEL BARCO

Miguel Ángel Carmona del Barco (Monesterio, 1979) debutó en la narrativa con Manual de autoayuda (Salto de Página, 2016), obra finalista en el Premio Setenil, al mejor libro de relatos publicado en España ese año. También en el ámbito del relato, ha sido galardonado con el XXVIII Premio de Narrativa Camilo José Cela. Con su primera novela, Kuebiko, ha obtenido el XXXV Premio Vicente Blasco Ibáñez de narrativa en 2017. Es director del Centro de Estudios Literarios Antonio Román Díez (CELARD), donde imparte talleres de escritura y coordina programas de fomento de la lectura, como el Club de Lectura Viva. Es colaborador habitual en Canal Extremadura Radio y en medios digitales especializados en literatura.

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