Carta a mí dentro de cinco años

 

Te escribo esta carta porque sé cómo eres ahora, pero no cómo serás dentro de cinco años. Nunca antes me había preocupado el que tu personalidad pudiera tomar derroteros equivocados, y tampoco lo haría ahora si no fuera porque para entonces, en 2021, ocurrirá algo muy importante: nuestro hijo cumplirá diez años.

Y me preocupa que en este tiempo te vuelvas indolente, obtuso o simplemente idiota. Me preocupa que dejes de ver claro lo que hoy veo yo tan nítido: la necesidad de prepararle para los retos que se le presentarán en los años siguientes. Es en ese momento en el que deberás estar a la altura; ser explícito, ilustrativo, empático y taxativo: el respeto a las mujeres empieza con el respeto a las niñas.

Quizá dentro de cinco años juzgues que nuestro hijo es aún pequeño, que no le interesan las chicas porque sigue aún pendiente de los playmobil, de los juegos de rol y de la consola. Pero la educación precisa de la valentía suficiente para afrontar los temas del mañana. No se trata de educar preventivamente, sino progresivamente; de sentar las bases del conocimiento práctico mediante la reflexión y el diálogo. ¿No te asustará hablar con tu hijo de chicas, verdad? ¿No te habrás vuelto un mojigato? Porque a él seguro que ya le atraen los pechos de sus profesoras, primas o compañeras más precoces —intenta acordarte de cómo eras tú con diez años—. Seguro que ya ha visto mujeres desnudas en fotos o en vídeos. Seguro que ya siente la pulsión del sexo y mira a su alrededor buscando, primero, preguntas, y después, respuestas o, en su defecto, modelos a imitar que le proporcionen seguridad frente al titubeo de la ignorancia. Y es ahora el momento de explicarle por qué el respeto a las niñas exige una observancia extraordinaria, un plus de esfuerzo: porque en ocasiones le obligará a nadar contracorriente, a no reír determinadas gracias, a no participar de una “broma”, a marginarse cuando la multitud intramárgenes esté compuesta por niños que invaden y pisotean la dignidad de una niña. No, hijo, no. No son juegos de exploración, no son cosas de críos, no bromas sin maldad: es violencia, es daño, es miedo y tristeza provocados, es vergüenza, es ganas de desaparecer, de ser otra, de no tener tetas, de no tener culo, de ser un chico.

Estate atento, porque queremos que nuestro hijo crezca en un entorno libre de machismo pero entendiendo lo que significa, sabiendo identificarlo, catalogarlo, extirparlo y denunciarlo. No queremos ahorrarle sufrimientos, como si fuéramos un agujero negro capaces de absorber la maldad del mundo. Lo que queremos es que su visión del bien y del mal abarque todos los aspectos de la vida, que no sea parcial de modo que esa parcialidad le acabe sirviendo para transigir con comportamientos aberrantes por el mero hecho de que la tradición los ampara o, al menos, los frivoliza. No. Un niño no debe devanarse los sesos para inventar un insulto originalísimo para otro niño y después espetarle “puta” a la primera niña con la que se pelee. No le pedimos que no insulte o que no se pelee, con niños y con niñas. Faltaría más. Lo que quiero es que vigiles que cuando intenta ofender a una niña no lo hace basándose en el hecho de que sea niña. ¿Serás capaz de hacerle ver la importancia de esto?

Y no, no se me ha pasado por alto, claro que no. Yo aún no lo sé, pero quizá tú dentro de cinco años sí que lo sepas. Si nuestro hijo es homosexual no hace falta cambiar una sola coma de lo que te he escrito. Ni una “a” por una “o”. Porque mujer es quien se siente mujer y hombre quien se siente hombre. Confío en que sepas adaptar mis palabras a los roles que sean necesarios. Y que lo sigas amando como yo lo amo.

Author CARMONA DEL BARCO

Miguel Ángel Carmona del Barco (Monesterio, 1979) debutó en la narrativa con Manual de autoayuda (Salto de Página, 2016), obra finalista en el Premio Setenil, al mejor libro de relatos publicado en España ese año. También en el ámbito del relato, ha sido galardonado con el XXVIII Premio de Narrativa Camilo José Cela. Con su primera novela, Kuebiko, ha obtenido el XXXV Premio Vicente Blasco Ibáñez de narrativa en 2017. Es director del Centro de Estudios Literarios Antonio Román Díez (CELARD), donde imparte talleres de escritura y coordina programas de fomento de la lectura, como el Club de Lectura Viva. Es colaborador habitual en Canal Extremadura Radio y en medios digitales especializados en literatura.

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