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MADRE

Hay que llegar antes de que anochezca. Poner a calentar agua, lavarles bien los pies, sobre todo a Ghaela. Las zapatillas que le regalaron esos muchachos eran pequeñas y le han hecho heridas. Hay que buscar en este desastre de bolsa la medicina de Umm Shafa y conseguir más antes de que se le pare el corazón. Hay que cargar el teléfono de Bilal e intentar hablar con Alemania para decirles que mañana estaremos en Austria, si Dios quiere. Tengo que coser el chubasquero de Murat y buscar el modo de pegarle las gafas a Abo Bilal. Hay que llegar antes de medianoche porque si no a Ghaela le entrarán los miedos y habrá que llevarla en brazos, y entonces el pequeño Ahmed también querrá ir en brazos y no podremos con todo. Y cuando todos se duerman, si hay una luz pequeña, apuntaré los gastos del día y escribiré cartas para la tía Bouchara y la tía Ghada, por si mañana tenemos oportunidad de echarlas al correo. Y si no hay luz, rezaré por todos y después daré un paseo imaginario por el barrio. No quiero que se me olviden las calles y lo bueno de pensar ahora en el barrio, en la distancia, es que se me aparece tal y como era antes de los bombardeos. Después, cuando esté cansada de caminar, dejaré que me lleve el sueño, si Dios quiere. A mí, con un par de horas me basta.

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